La muerte de Dios.
La religión nos mantiene esclavos, encadena nuestras pasiones. Y es por eso que la muerte de Dios implica nuestra liberación.
¿Qué es lo bueno?
La pregunta que deberíamos hacernos es, ¿quién ha decidido que esa figura de Dios represente todo lo bueno? ¿Cómo puede ser bueno algo que nos mantiene encadenados, que limita nuestras propias libertades?
¿Debemos los alumnos del Nit generar un fondo de ayuda para paliar la tragedia de la inmigración?
Nietzsche, claramente, diría que no. ¿Son realmente tus pasiones, tu libertad individual la que te condiciona, o es el temor a una represalia de Dios? ¿Lo haces porque quieres, o porque Dios te ha dicho que tu deber es ayudar al prójimo? En tal caso, sigues encadenado a la religión. No lo haces porque seas la mejor persona del mundo, ni mucho menos. Lo haces porque sigues siendo un esclavo de Dios y no quieres ser castigado por unos pecados que Él te ha impuesto. Además, no debemos olvidar que ya no tenemos obligación de seguir siguiendo esas imposiciones. Hemos sido liberados. Dios ha muerto.
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